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Terra
La Coctelera

Viva el mundo libre!

Navegando por el gran océano binario me encontré con un interesante documental. Ojalá que lo viesen algunas personas a quienes yo quiero.. gente buena pero ingenua, gemelas de pueblos remotos de la costa que se emborrachan los jueves por la noche y se dedican a corear cánticos políticamente correctos pero descerebrados, etc.etc. Aunque ellas no me llegarán a amar nunca por mi desencanto. .

En resumen, pues es un vídeo largo -aunque se deja ver- el presentador, un escritor sueco de nombre absolutamente desconocido para mí (tampoco es que yo sea un gran consumidor de literatura escandinava), se dedica a desmontar con sencillos argumentos las falacias de los movimientos del NO, en donde incluyo a los antiglobalización, los antinuclear, los ecólatras, los antiamericanos, los anticapital, los sindicalistas...

Deco eres Dios

De entre los jugadores que han pasado por mi memoria, la mayoría responden a unos tipos bastante definidos. Hábiles mediapuntas que poseen el don de la clarividencia, fibrosos laterales, centrocampistas toscos y con buen golpeo de balón... parece como si hubiese unos "arquetipos" platónicos de jugadores, una especie de treinta categorías con las que podríamos describir, con mayor o menor acierto, a aquellos ídolos de nuestra infancia.

He aquí entonces una de esas excepciones, normales desde el punto de vista estadístico, pero difíciles de creer en una persona común. Hablo de DECO, supercrack brasileiro-portugués, decodificador de partidos, partidor de tibias, orfebre de joyas y fino diplomático. Todo en uno.

Comencé a oír el nombre de Deco en "La Voz de Galicia", hace unos 6 o 7 años. Por aquel entonces, se rumoreaba insistentemente que el Deportivo de La Coruña estaba a punto de fichar a un joven brasileiro que jugaba en el FC Porto; el Deportivo no se habría equivocado.
Aquel anónimo Deco ejercía una labor limpia y vistosa en su club, algo así como la nota alegre de una dura película bélica -como son muchos partidos en Portugal-. Por ende, era un jugador "sospechoso" de adolecer de virtudes tan romanas como la valentía, el trabajo en equipo, el respeto al rival. Cuando el Porto eliminó -injustamente, quién sabe- a mi Depor, Deco ya se había revelado como un auténtico magistrado del centro del campo. En la final contra el Mónaco, el pequeño brasileño se mostró como el auténtico cacique se su ejército, digo equipo. Ese verano, tras llevar a Portugal, su nación adoptiva, a la final de la Eurocopa, fichó por el Barça. Siendo justos, yo no veía nada clara la adaptación de Deco. Mejor dicho, sí que la veía clara, pero a costa de defenestrar a los puntales del Barça, que no eran otros que Xavi y Ronaldinho. Pero ahí sucedió algo sorprendente.. tan maravilloso como el temple de un metal antes blando, mejor aún, la transmutación de un cisne en rottweiler.

Esto no es normal

Resulta que hoy me compré una camiseta negra, en una de esas tiendas seudo-rockeras. Hasta ahí todo normal. Lo grave, que lo es y mucho, es que era una camiseta de los MÖTLEY CRÜE
No puede ser bueno, a punto de cumplir 28 otoños, volver a eso...

¿Por qué lo habré hecho? ¿Será un mecanismo de compensación por el cual mi castigada psique se libera? ¿Diría un psicólogo que es sublimo los bajos instintos de mi ello con los solos de Mick Mars?

La premisa biográfica de este libro es muy sencilla: Mötley Crüe, un joven grupo de rock, que malvive en un piso de alquiler en Los Angeles y que no está dispuesto a comprar un miserable aerosol para matar las cucarachas de su casa por no dejar de gastar su dinero en laca, se convierte en uno de los grupos más aclamados de la historia del rock n'roll de los años 80. Sueños que se convierten en realidad. Giras inacabables. Una legión de fans rendidos a sus pies y cuando se apaga el último rescoldo del concierto, comienzan los sinsabores de la fama: alcohol, drogas de todo tipo y relaciones que se van por el retrete mientras que los cuatro bárbaros que componen Mötley Crüe dejan tras de sí una estela de destrucción... en el sentido más literal de la palabra.

Una presentación

Con suerte nadie leerá este preámbulo. ¿Para qué escribo esto? ¿Qué finalidad tienen los diarios? ¿A quién ****nes le puede interesar lo que ponga cualquier individuo anónimo y seguramente vulgar?

Francamente, no sé lo que quiero que sea esto. Tampoco me molesté mucho en creal'lo, o sea que pa qué vamos a comernos el gerolo. Bienvenidos, inexistentes lectores, a este Diario del Inframundo.